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Inspiración. Motivación. Disciplina.

Llevo unos días haciendo uso de la disciplina más que de la motivación. Yo también paso por momentos oscuros donde pienso: ¿por qué me habré metido en este lío? ¿Por qué busco un propósito cuando ya tengo una vida montada?

Son pensamientos saboteadores que me hacen creer que pierdo el tiempo, que esto no es para mí, que nadie me va a hacer caso. Tengo que luchar con todos esos miedos que intentan paralizarme y no me dejan avanzar muchas más veces de las que me gustaría.

En eso consiste, en superarnos todos los días un poco más. La vida te enseña que nada es fácil, puede ser sencillo, pero no fácil. Hay que ser constante, disciplinado y no perder la pasión que nos lleva a querer hacer algo. Si lo deseas con todas tus fuerzas sabes que nadie ni nada te parará.

Porque no siempre estamos motivados, debemos ser disciplinados. Cuando la primera idea que nos viene a la cabeza es qué hago yo aquí, la disciplina nos ayuda a no abandonar nuestro sueño, nuestra meta. Tenemos dudas y también un plan para lograr la meta, la disciplina nos ayudará a no rendirnos.

Y la inspiración aparece. En ese camino que recorremos, en nuestro esfuerzo. Nos inspiran las pequeñas cosas, lo que leemos, lo que escuchamos. Las personas cercanas y las personas desconocidas. Un paseo, una película. Teniendo la mente abierta, somos capaces de ver todas las oportunidades que se nos presentan y la inspiración llega.

Y es como un bucle. Nos sentimos inspirados, nos motivamos y avanzamos con disciplina para no distraernos de nuestra meta. Tenemos más energía, estamos abiertos a ideas nuevas, somos más positivos lo que nos hace más capaces ante los obstáculos.

“La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando” ¡Lo decía Picasso!

Inspirados, motivados y con disciplina. Tres características que nos ayudarán a alejar esos pensamientos negativos que nos impiden avanzar. Nos ayudarán a que la lucha por lo que queremos no decaiga nunca. Conseguir lo que nos propongamos y nos sentirnos orgullosos de nosotros mismos. Nuestra confianza crece y nos hace imparables.

Seremos más felices, que, a fin de cuentas, es lo que todos queremos.

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